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Consagración del saqueo
El pasado 31 de octubre finalmente se promulgó la nueva ley de Hidrocarburos. Mientras desde el gobierno festejaban por la posibilidad de atraer nuevas inversiones al país como las de Chevron y remarcaban que la nueva ley era poner fin a la “irregularidad” dispuesta por la provincialización de los recursos naturales en el ’94 sin sancionar una nueva ley para adecuar ese cambio significativo; mientras la mayoría de la oposición asistió impotente, movida más por oportunismo electoral que por convicción.
Las fuerzas de izquierda y la llamada centroizquierda se opusieron en cambio desde sus diferencias programáticas.
La reforma a la Ley de Hidrocarburos sancionada con la Ley 27007 no sólo supone la entrega de nuestros recursos petroleros y gasíferos a los pulpos multinacionales sino constituye una verdadera hipoteca del futuro energético del país.
Son rasgos destacados de esta reforma: La entrega a perpetuidad de la explotación de los pozos petroleros hasta su agotamiento; valores fijos de las regalías (12 al 18% por debajo de la media internacional); consolidación de la presencia de las grandes petroleras actuales y abre la puerta a la llegada de capitales chinos y rusos de la mano de monopolios nativos como Eurnekian, Bulgheroni, y los amigos del gobierno como Lázaro Báez , Cristóbal López y José Luis Manzano; garantiza la libre disponibilidad del crudo y el reenvío de utilidades al exterior. Por otra parte se resigna la soberanía jurídica y se convalidan cláusulas secretas. Al final de la historia, el país heredará yacimientos agotados y enormes territorios contaminados y grandes volúmenes de agua derrochados.
La importancia de las riquezas encerradas en Vaca Muerta (segunda reserva de gas del mundo y cuarta de petróleo de esquistos) explica los intereses y la voracidad de los grandes grupos monopólicos.
El apuro con el cual el gobierno sancionó esta reforma es la consagración cortoplacista del saqueo por un puñado de dólares.
En sintonía además con la estatización parcial de YPF que la convirtió en una sociedad anónima con mayoría estatal y el acompañamiento del 49% restante en manos de Soros, Repsol y los fondos buitre. La única salida nacional y popular verdadera es la estatización total de YPF, los recursos naturales y la explotación de los mismos.
Rafael Vassir
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