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Palantir: nuevas formas de la dependencia
La decisión del empresario yanqui Peter Thiel de instalarse en Argentina y adquirir una mansión valuada en alrededor de USD 12 millones en Buenos Aires difícilmente pueda interpretarse como una simple elección personal. Se trata de uno de los hombres más influyentes del capitalismo contemporáneo, con una fortuna estimada en USD 28.300 millones y una trayectoria estrechamente ligada a la articulación entre el poder financiero, las grandes empresas tecnológicas y los aparatos de seguridad de Estados Unidos.
Conocido por haber cofundado PayPal en 1998 y por haber sido uno de los primeros inversores de Facebook, Thiel construyó una parte fundamental de su poder a través de Palantir Technologies, una empresa especializada en el procesamiento masivo de información, inteligencia artificial y análisis de datos para gobiernos, fuerzas armadas y organismos de seguridad.
A diferencia de las compañías tecnológicas orientadas al mercado de consumo, Palantir nació con una misión mucho más específica. Fundada en 2003 con financiamiento inicial de In-Q-Tel, el fondo de inversiones de la CIA, la empresa se propuso desarrollar herramientas capaces de integrar enormes cantidades de información dispersa para transformarlas en inteligencia operativa. Su crecimiento estuvo ligado desde el comienzo a contratos con agencias de seguridad estadounidenses y a la "guerra contra el terrorismo" impulsada por Washington tras los atentados del 11 de septiembre.
Con el paso de los años, Palantir se convirtió en una pieza cada vez más importante dentro de la estructura tecnológica del Estado yanqui. Sus plataformas son utilizadas por el Departamento de Defensa, el Ejército, organismos de inteligencia, agencias policiales y autoridades migratorias estadounidenses. La empresa ha participado en programas de vigilancia, seguimiento de redes financieras, operaciones militares y control de fronteras.
Colaboró activamente con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el nefasto ICE. Organizaciones de derechos humanos denunciaron que las herramientas de Palantir facilitaron la identificación, localización y deportación de miles de migrantes, convirtiendo a la compañía en un actor central de la infraestructura tecnológica utilizada para sostener esas políticas.
En los últimos años la empresa amplió aún más su alcance. Durante la guerra en Ucrania, Palantir suministró herramientas de análisis de datos, reconocimiento de imágenes satelitales y apoyo para la planificación militar. Diversos funcionarios ucranianos llegaron a describir a la compañía como una de las empresas tecnológicas más involucradas en el esfuerzo bélico del país.
La empresa también fortaleció sus relaciones con distintos gobiernos europeos. En el Reino Unido obtuvo contratos de relevancia dentro del sistema nacional de salud y en organismos de seguridad. Al mismo tiempo, continuó expandiendo su presencia en estructuras militares y de inteligencia occidentales, convirtiéndose en una de las principales beneficiarias del creciente gasto en defensa impulsado por EEUU y sus aliados.
Particularmente significativa resulta su relación con Israel. Tras el inicio de la ofensiva sionista sobre Gaza luego de los ataques del 7 de octubre de 2023, Palantir anunció la profundización de su cooperación estratégica con instituciones israelíes. La compañía puso a disposición sus sistemas de inteligencia artificial y procesamiento de datos para apoyar distintas operaciones, apuntalando el genocidio.
Por todo esto, cuando Peter Thiel llega a la Argentina no desembarca simplemente un empresario exitoso. Llega el fundador de una empresa que ocupa un lugar destacado en el complejo tecnológico-militar occidental y que ha construido su fortuna gestionando información sensible para gobiernos y organismos de seguridad.
Peter en el paraíso libertario
La Argentina aparece hoy como un destino particularmente atractivo para este tipo de personajes. El país concentra enormes reservas de recursos estratégicos, desde el litio hasta Vaca Muerta, pasando por minerales críticos, capacidades científico-tecnológicas y sectores energéticos de enorme importancia para las próximas décadas. A ello se suma un gobierno dispuesto a profundizar la apertura económica, flexibilizar regulaciones y ofrecer condiciones favorables para la llegada de grandes capitales internacionales.
Pero existe además otro factor que no debe ser subestimado. En un escenario internacional marcado por guerras, disputas comerciales y crecientes tensiones geopolíticas entre las principales potencias, nuestro país se presenta como una región relativamente alejada de los principales teatros de confrontación. Para sectores de las élites globales, contar con posiciones económicas, patrimoniales y políticas en territorios periféricos puede constituir una forma de diversificar riesgos y preservar capacidad de maniobra frente a posibles crisis futuras.
Desde una perspectiva vinculada a los intereses de los trabajadores y al desarrollo nacional, la presencia de Thiel plantea interrogantes que merecen ser discutidos públicamente. ¿Qué tipo de inversiones proyecta? ¿Qué vínculos buscará construir con el Estado argentino? ¿Qué papel podrían desempeñar Palantir en áreas vinculadas a la seguridad, la gestión de datos o la infraestructura tecnológica?
La experiencia internacional -y la de Palantir en particular- demuestra que las grandes corporaciones tecnológicas ya no son únicamente actores económicos. Gestionan información estratégica, desarrollan herramientas de inteligencia artificial, participan en conflictos militares y establecen relaciones directas con gobiernos y organismos de seguridad. Su influencia excede ampliamente el ámbito empresarial clásico.
La fortuna personal de Thiel equivale a una porción significativa de la deuda externa que condiciona el desarrollo argentino. Sin embargo, el debate público suele limitarse a celebrar la llegada de multimillonarios sin analizar el lugar que ocupan dentro de la estructura de poder global ni las consecuencias que sus negocios pueden tener para la soberanía nacional.
Basta de estos parásitos
Más que “la llegada de inversiones”, lo que Argentina necesita es preservar el control sobre sus recursos estratégicos, sus capacidades científicas y la información producida por sus instituciones. La cuestión no es solamente quién llega al país, sino para qué llega y bajo qué condiciones desarrollará sus actividades.
La llegada de Peter Thiel obliga a discutir precisamente eso. Porque detrás de la compra de una mansión o de una fotografía con el presidente aparece una figura que representa una tendencia cada vez más profunda del capitalismo contemporáneo: la fusión entre poder financiero, inteligencia artificial, vigilancia, seguridad y geopolítica. Frente a estos movimientos, el desafío para nuestro pueblo consiste en impedir que las nuevas formas de dependencia tecnológica sustituyan a las viejas formas de subordinación económica, y garantizar que los recursos y capacidades estratégicas del país permanezcan al servicio de las mayorías populares y del desarrollo soberano de la Nación.
Alexander Kant
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