Macron en África: refundar el patio trasero

Martes, 26. Mayo 2026

El mundo viene tomando nota de la situación de la ex colonias y semicolonias francesas durante los últimos años -Niger, Mali y Burkina Faso- y de su esfuerzo por liberarse del yugo francés que fingía luchar contra el terrorismo islámico y, a la vez, lo financiaba. Desde este proceso de avance nacional de estos tres países, la posición de Paris en África se ha debilitado, perdiendo terreno en otros que tradicionalmente estaban bajo su esfera de influencia, como Chad, Senegal, Costa de Marfil y la República Centroafricana; algunos por cambios de gobierno, otros por adaptarse a la situación política regional con viento de cola. 
Esto fue un duro golpe para la economía francesa, ya que perdieron acceso al uranio barato (70% de su energía), y a los contratos preferenciales de TotalEnergies (petrolera), Orange (telecomunicaciones y pago electrónico), Bouygues (obras de infraestructura como puentes y autopistas) y Balloré (logística, puertos y medios de comunicación). Desde entonces, tercia más la cooperación comercial con China y la militar con Rusia.
Sucede que, así como Latinoamérica fue bautizada por el imperialismo yanqui como "su patio trasero", lo mismo fue gran parte de África para Francia. La relevancia de esta crisis no es únicamente el debilitamiento de la posición gala, sino que esto también implica una reducción en la capacidad de influencia de la OTAN. 
En este contexto Macron visitó Egipto, Kenia y Etiopía durante la segunda semana de mayo. Su objetivo: capturar nuevos mercados para el gran capital de su país. No es secundario mencionar que el mandatario francés criticó por “dictadores” a Maduro, Al-Assad y Putin, con quienes no compartía alineamiento político; sin embargo, no hay problema con visitar a Abdelfatah al Sisi en Egipto y legitimar su régimen de ya 12 años, profundamente antiobrero y entreguista, que ha jugado un rol repugnante en la crisis palestina, siendo servil a Israel y EEUU.
Con una retórica cargada de altruismo y loas a la cooperación, la idea del imperialismo francés es poder hacer pie en algún lugar que le provea de alguna ventaja. Pensándolo así es que se logra entender que la búsqueda en Egipto fue blindar las rutas comerciales del Mar Rojo y el canal de Suez y consolidar pactos de transporte e infraestructura. Luego viajó a Kenia a copresidir una cumbre climática con el presidente William Ruto, ajustador con decenas de muertos en su haber tras la represión de las protestas en 2024 contra las políticas de austeridad. Se desplegaron altisonantes discursos sobre cómo las nuevas tecnologías van a  poder reemplazar el uso de combustibles fósiles, sin mencionar cómo los "créditos de carbono" de empresas extranjeras han comprado tierras desplazando a poblaciones en ese mismo país, o cómo la extracción de litio sin adecuado control de saneamiento ha contaminado tanto en Argentina, Chile y Bolivia, o cómo en la República Democrática del Congo se extrae el coltán con trabajo en condiciones comparables a la esclavitud, en la que este año han muerto al menos 600 personas en derrumbes (de los cuales 70 eran niños). A Etiopía llevó también promesas de inversión en desarrollo, con la condición no dicha de que deben ser esas grandes empresas francesas las que luego tengan prioridad en las licitaciones. Las izquierdas locales denunciaron la jugada. En el caso de Egipto, desde el extranjero, porque la persecución política ha hecho imposible quedarse en el país. En Kenya la movilización popular se enfrentó a la represión policial.
Macron dijo que los franceses son "los verdaderos panafricanistas", palabras profundamente provocadoras para quienes levantan la bandera del panafricanismo con su tradición anticolonial. No dejan de ver la gira como un ejercicio de "Soft power" y señalan que la Francafrique no ha muerto, sólo se está mudando al Este.
La iniciativa francesa es un intento de recuperar la iniciativa en un marco de debilidad. No pudo retomar el control de ninguna de sus excolonias, incluso planeando intentos de asesinato (como en el caso de Traoré). Y tras unos años de quedar en evidencia que los países prosperan luego de tomar distancia de Francia, se le ha dificultado la tarea y tiene que salir a buscar socios en lugares que nunca había tenido bajo control. Esta gira es un signo más del cambio de los tiempos. Habrá que estar atentos a la evolución de la situación, pero la realidad es que hoy, Francia no tiene ningún poder real sobre estos países y la situación regional va en otra dirección, una mucho más pragmática, con el radar puesto en la influencia de China y de Rusia a sabiendas de que la disputa interimperialista viene provocando cambios. 
En este marco aparecen proyectos nacionales que avanzan en una dirección de soberanía nacional, contexto propicio para la unidad de las fuerzas patrióticas y revolucionarias. 

 Octavio Ruiz

Martes, Mayo 26, 2026 - 14:30

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