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Denunciar al sionismo en todos los frentes
Hace unos días el vicepresidente de Estados Unidos JD Vance criticaba el extremismo sionista en cuanto a no aceptar los acuerdos con la República de Irán. Vance dijo: "No pueden salir a matar todo lo que los rodea para resolver cada maldito problema de seguridad nacional". En sintonía Trump dijo: "mucha gente que no tiene nada que ver con Hezbollah perdió la vida." Un columnista lo definió como "probablemente la crítica pública más dura de una administración estadounidense a Israel en toda su vida”
Está claro que la crítica responde a los intereses económicos de Estados Unidos más que a una preocupación moral acerca de los límites u objetivos militares en una guerra. Sea como sea, está clara también la dependencia política y militar del ente terrorista sionista con el imperio yanqui. Trump también lo acepto: no existirían sin nosotros".
La misma crítica podría hacer la administración Trump sobre Gaza y Cisjordania. Pero Gaza, sumida entre los escombros, no representa para la gigante economía estadounidense una cuestión capital (no hay rutas navegables por dónde pasen sus grandes buques comerciales y los de sus socios europeos) más allá de ciertos proyectos inmobiliarios -más de carácter personal de su yerno Kushner- a futuro en esa Gaza arrasada. Idéntico destino le esperaba a zonas ecológicas protegidas en Albania, donde el pueblo se levantó violentamente impidiendo el "turismo de lujo", donde el Estado se haría cargo de la caminería, el agua, la electricidad, el alcantarillado y hasta el aeropuerto; algo parecido a las empresas megamineras en nuestro país, donde el Estado argentino asume las consecuencias desastrosas en lo ecológico, soportado además la expoliación de recursos naturales genuinos.
Parece una receta de manual y los que las escriben son los megamillonarios del planeta en connivencia con gobiernos entreguistas. No es casualidad que esos gobiernos respondan también a interés sionistas, normalizando relaciones carnales con el ente genocida donde uno de los objetivos principales es lavarle la cara al ente colonial ocupante.
Rol de las universidades: el caso de la UNT
Desde el 7 de octubre (comienzo del recrudecimiento del genocidio) Israel se encargó de gastar miles de millones en su propaganda sobre todo en redes sociales y programas de normalización de tintes académicos y diplomáticos. Como lo denunciábamos a principios del presente año, la Universidad Nacional de Tucumán, específicamente su departamento de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica, realizó convenios con universidades del ente israelí, cursos de verano y becas para estudiantes tucumanos en territorio ocupado palestino. El Grupo Tucumán por Palestina elevó una nota al rectorado de la universidad exigiendo el cese de normalización académica con universidades israelíes y transparencia en los acuerdos. La respuesta por parte de las autoridades fueron unos lacónicos párrafos, no haciendo lugar a lo solicitado y justificando los acuerdos bajo endebles argumentos "académicos".
El Grupo respondió con una nota fundamentada en argumentos morales, humanos y también científicos. No se puede naturalizar un genocidio ni un escolasticidio -término usado por expertos que vieron de cerca la destrucción de universidades y escuelas palestinas-, el asesinato y detención de miles de estudiantes y profesores y los impedimentos materiales que significa el bloqueo para que el estudiantado palestino siga formándose. Recordemos que las universidades israelíes están involucradas en el desarrollo de sistemas de armamento y doctrinas militares desplegadas en los crímenes de guerra cometidos por Israel en el Líbano y Gaza. Durante décadas, las universidades sionistas han desempeñado un papel clave en la planificación, aplicación y justificación de las políticas de ocupación y apartheid de Israel, manteniendo al mismo tiempo una relación singularmente estrecha con el Ejército israelí. Mientras nuestras universidades normalizan relaciones academicas con por ejemplo la Universidad de Tel Aviv, esta ha desarrollado decenas de sistemas de armamento y desarrolla tecnologías de drones militares teledirigidos y buldóceres militarizados a control remoto, que se utilizan para demoler viviendas palestinas. Esta misma fue responsable del desarrollo de la “doctrina Dayhiya”, que plantea el uso de fuerza desproporcionada contra la infraestructura civil, y fue aplicada por las fuerzas de ocupación israelíes en sus masacres de población civil en Gaza.
Mientras nuestras universidades deciden hacer caso omiso a las campañas de boicot de universidades europeas y de Estados Unidos, el discurso extremista antiárabe, antisemita e islamófobo nace también de académicos israelíes, como por ejemplo el que aboga por disuadir a los combatientes palestinos violando a sus hermanas y madres. Mientras nuestras universidades son cómplices de los infanticidas, quien fuera rector de una de las ultimas universidades palestinas en pie, Sufyan Tayeh, fue asesinado junto a su familia en un ataque aéreo israelí.
William Balborin
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