Cuba resiste el bloqueo explicitando su derecho y decisión a la autodefensa

Lunes, 23. Febrero 2026
Cuba resiste el bloqueo explicitando su derecho y decisión a la autodefensa

El pasado 29 de enero Donald Trump firmó una orden ejecutiva declarando la "emergencia nacional" ante la supuesta "amenaza inusual y extraordinaria" que, según su gobierno, representaría Cuba para la seguridad del país norteamericano y la región. El texto acusaba al gobierno cubano de alinearse con "numerosos países hostiles", de acoger a "grupos terroristas transnacionales" como Hamás y Hezbolá, y de permitir el despliegue en la isla de "sofisticadas capacidades militares y de inteligencia" de Rusia y China.
A raíz de tales declaraciones el gobierno cubano, su pueblo y sus fuerzas militares desplegaron una serie de respuestas diplomáticas, económicas, jurídicas y políticas apuntadas a desenmascarar las mentiras y justificativos yanquis direccionados no sólo a profundizar el criminal bloqueo, sino además, a propiciar una intentona militar contra la isla.
Como parte de estas respuestas el viernes 13 de febrero el presidente Miguel Díaz Canel lideró distintas actividades centradas en el entrenamiento de las Fuerzas Armadas del país, en el contexto de una potencial invasión enemiga. Iniciativa que se realizó con motivo del Día Nacional de la Defensa.

Un bloqueo criminal

El bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba no es una mera disputa diplomática ni un desacuerdo comercial; es una política sistemática de hostigamiento económico que, durante más de sesenta años, ha intentado doblegar la voluntad de un pueblo mediante la asfixia. Se trata de una estrategia de presión permanente que combina sanciones financieras, persecución de transacciones internacionales y castigo a terceros países que se atrevan a comerciar con la isla.
Esta política no puede separarse de una historia más amplia de amenazas, intentos de invasión, sabotajes y operaciones encubiertas. Desde Playa Girón hasta los múltiples planes (desclasificados) de desestabilización, la hostilidad ha sido explícita. En ese contexto, el derecho de Cuba a defender su soberanía no es una consigna retórica, sino un principio reconocido por el derecho internacional: Todo Estado tiene derecho a preservar su integridad territorial y su autodeterminación frente a amenazas externas.
El bloqueo imperial ha sido y es una forma de guerra.Aunque no se desplieguen tropas en el terreno, el bloqueo opera como una forma de guerra económica. Impide el acceso normal a créditos, restringe la adquisición de tecnología médica y obstaculiza la compra de alimentos y combustibles. No es casual que la Asamblea General de la ONU condene año tras año esta política con un apoyo casi unánime. Y es que la extraterritorialidad de las sanciones convierte al bloqueo en un mecanismo de disciplinamiento mundial. Bancos europeos, empresas asiáticas y proveedores latinoamericanos enfrentan represalias si comercian con Cuba. Se castiga no sólo a un país sino a cualquiera que ejerza su libertad de intercambio, trasciendo el ataque contra la soberanía cubana a cualquiera que quiera ejercer la propia.
Esto pone a la soberanía y la autodefensa en el centro de la discusión. En tal sentido reivindicar el derecho a la autodefensa no implica promover la guerra, sino afirmar el principio básico de que ningún país está obligado a aceptar pasivamente la agresión económica o las amenazas de intervención. Por eso la Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho inherente de legítima defensa ante actos de agresión. “Cuando la presión se convierte en política permanente, la defensa de la soberanía se vuelve una necesidad existencial.”
Cuba ha respondido históricamente fortaleciendo su capacidad interna, diversificando alianzas y sosteniendo una política exterior activa. Esa resistencia no ha sido sólo militar o estratégica; se ha manifestado también a nivel social, educativo y sanitario. Es la decisión de no capitular ante el chantaje.

La consigna del Che y el debate contemporáneo

En 1967 Ernesto Che Guevara lanzó una consigna que recorrió el mundo: “crear dos, tres, muchos Vietnam”. Aquella frase surgía en el contexto de la guerra en el sudeste asiático y expresaba la idea de multiplicar los focos de resistencia frente al intervencionismo.
Más allá de su formulación histórica, la consigna interpela todavía hoy frente al belicismo y a las políticas de asfixia, cuando los pueblos pueden articular respuestas solidarias y coordinadas.
En el siglo XXI esa multiplicación puede también traducirse en bloques regionales que desafíen la hegemonía financiera, en mecanismos de comercio alternativo, en sistemas de pago que eludan sanciones unilaterales y en redes de cooperación que neutralicen el impacto del bloqueo. “Muchos Vietnam” puede significar muchos espacios de soberanía que erosionen la capacidad de imponer castigos, como bloquear a quien bloquea.
Si el bloqueo funciona como herramienta de coerción global, tenemos derecho a debatir contramedidas. A nivel estatal, “bloquear a quien bloquea” puede adoptar formas jurídicas y económicas como leyes que protejan a empresas frente a sanciones extraterritoriales, fondos compensatorios para operaciones comerciales afectadas, acuerdos bilaterales que utilicen monedas locales y sistemas financieros alternativos. A nivel social y de clase “bloquear a quien bloquea” puede implicar apuntar a grandes empresas y bancos yanquis que operen fuera del territorio norteamericano. 
No se trata de replicar la lógica del castigo indiscriminado, sino de establecer límites claros a la extraterritorialidad y defender el principio de igualdad soberana entre Estados y pueblos. Cuando una potencia utiliza su peso financiero para condicionar decisiones políticas de terceros, la respuesta coordinada es una forma legítima de equilibrio.
También la solidaridad activa es una forma de poner en discusión el bloqueo. La solidaridad no puede quedar en declaraciones ni en cadenas de firmas pidiendo a vaya saber quién o catarsis anti yanquis en las redes sociales. Debe manifestarse en la calle, en los centros de trabajo, en las aulas, en los barrios. La organización de envíos de insumos médicos, equipamiento hospitalario y materias primas farmacéuticas es una tarea urgente. Universidades, sindicatos, asociaciones profesionales y gobiernos locales pueden articular campañas concretas. Para ello la creación de corredores humanitarios permanentes, blindados frente a sanciones financieras, es un paso decisivo. Asimismo, la cooperación científica y tecnológica puede fortalecer capacidades internas y reducir la dependencia. Intercambios académicos, producción conjunta de medicamentos y transferencia de tecnología y conocimiento en el área energética son también formas de resistencia.

Un llamado a la dignidad internacional

El bloqueo contra Cuba no es un problema bilateral entre David y Goliat: es un precedente peligroso para cualquier nación que decida transitar un camino propio. Defender a Cuba socialista es defender el principio de que ningún pueblo debe ser sometido al hambre o a la escasez como herramienta de presión política.
Reavivar el espíritu de resistencia que evocaba el Che implica hoy multiplicar las iniciativas de soberanía, cooperación y firmeza frente al intervencionismo.
Frente al belicismo y la coerción económica, la respuesta puede y debe ser una red internacional de pueblos y Estados opuestos al bloqueo que se nieguen a aceptar la normalización del castigo colectivo.
La historia demuestra que los bloqueos no vencen la dignidad de los pueblos. La liberación de Leningrado sitiado por los nazis hasta la asfixia es un buen ejemplo en dicho sentido. Por eso, la solidaridad organizada puede y debe terminar con la prepotencia del imperio más criminal en la historia de la humanidad.

Jorge Díaz

Lunes, Febrero 23, 2026 - 10:15

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