Zito Lema: una pluma proletaria

Miércoles, 30. Noviembre 2022

Vicente Zito Lema nació en Buenos Aires en 1939. Poeta, filósofo, dramaturgo, periodista, abogado, docente, es autor de una bibliografía muy prolífica. Entre sus títulos se cuentan Luz en la selva; La pasión del piquetero: hay que matar a los pobres; Oratorio Mater; Belleza en la barricada; El alma no come vidrio: los manifiestos de la locura; Razón poética; Cantos oscuros, días crueles; Voces en el hospicio; Lengua sucia: escenas de poder, servidumbre y muerte; Diálogos: encuentros con Jacobo Fijman, Enrique Pichón Riviere, Fernando Ulloa, León Rozitchner y otras travesías por la  belleza, las verdades de la época y los delirios; Memoria en palabras, entre otros.

Fue periodista en Clarín, El cronista comercial y La opinión. Fundó y dirigió las revistas Cero (1964) y Talismán (1969). Esta última fue la más importante publicación periódica del surrealismo argentino. Colaboró en las publicaciones Liberación, Nuevo Hombre y Crisis, junto a Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Eduardo Galeano, Haroldo Conti y  Federico Vogelius.

Exiliado en 1977, se radicó en Holanda, en donde conformó la Comisión Argentina por los Derechos Humanos (CADH), junto a David Viñas y Eduardo Luis Duhalde. A su regreso al país, en 1983, se convirtió en uno de los máximos referentes locales de la poesía comprometida y militante. Fundó, junto a Hebe de Bonafini, la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, de la cual fue docente entre los años 2000 y 2003. Doctor honoris causa de las universidades nacionales de Río Cuarto (Córdoba) y la Patagonia en 2013 y premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional en 2014, prestó su voz y su poesía para el documental Pibe Chorro, de la guionista y directora Andrea Testa llevado a la pantalla en 2016, y que indaga en la pobreza, el hambre y la injusticia extrema como el entorno disparador de la llamada, por los poderes de turno,"delincuencia juvenil".

Referente ineludible de la literatura argentina, abrevó también en la dramaturgia, de lo cual da testimonio, entre otros, su libro Delirium teatro: obra teatral completa.

Vicente es, ante todo, un poeta del pueblo. A su innegable calidad estética se le debe sumar un amor irrestricto por los más humildes y una adhesión sin fisuras a las causas populares.

Transcribimos un extracto de su poema Desaparecidos, escrito en 1978, en el exilio:

"...Una ciudad vencida/ los secretos del crimen del horror se repiten en voz muy baja./Pero ellos/ ese hombre esa mujer ya desnudos los escuchan/ vienen del techo del piso de las paredes/están a su lado/crecen como flores negras malditas/como hongos pestilentes crecen./Los escuchan ¿son humanos?/¿Son humanos esos juramentos fieles de más dolor y esas risas que les responden?/¿Qué perversa alegría, qué perturbada detención de la historia ocurre tras esas risas?/Y ahora el frío/y ahora la ebriedad de una mala sentencia cumplida lentamente/ dia a día sobre sus carnes abiertas/(¡Y qué del alma! ¡Qué de esa inocencia primera que fue quebrada!)/Ese hombre esa mujer sin fuerzas sin aliento casi/ la venda que los cubre el piso que los recoge/ su orín su fecalidad la oscuridad tremenda/ellos sueñan./Ese hombre esa mujer /cualquiera de nosotros/ni vivos ni muertos/ ni cielo ni tierra/ ni siquiera oasis/apenas la precariedad del recuerdo./Una gaviota levanta vuelo en alba brumosa./ El aire se agita pero vuelve a ser eterno./Ese hombre esa mujer esperan."


Carlos Ruiz

Miércoles, Noviembre 30, 2022 - 23:00

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